Bianca, sin embargo, sintió un destello de confusión. Le lanzó una mirada de reojo y murmuró: —¿No dijiste que querías escoger la fecha? ¿Por qué dejar que mi mamá decida?
Él se inclinó hacia ella, su voz rozándole el oído como una suave brisa. —Solo quiero mantener a tu madre contenta —susurró con una sonrisa.
En ese instante, Bianca lo entendió. Dave no solo era encantador, también era precavido, jugando un silencioso juego de diplomacia.
Si Madison se mantenía de buen humor, quizá Leonel y Reese aún tenían una oportunidad. De lo contrario, su silencio frío y su negativa a escuchar a Leonel seguirían siendo un muro imposible de derribar.
Mientras Dave y Bianca susurraban, Leonel parecía cargar con el peso del mundo sobre los hombros.
—Mamá —explotó de pronto, con frustración en la voz—. Solo hablas con Dave y actúas como si yo no existiera. ¿Qué quieres de mí?
Nunca antes había sentido algo así. Ser ignorado, y por su propia madre, era una punzada amarga que no podía soportar.
El ro