Bianca, sin embargo, sintió un destello de confusión. Le lanzó una mirada de reojo y murmuró: —¿No dijiste que querías escoger la fecha? ¿Por qué dejar que mi mamá decida?
Él se inclinó hacia ella, su voz rozándole el oído como una suave brisa. —Solo quiero mantener a tu madre contenta —susurró con una sonrisa.
En ese instante, Bianca lo entendió. Dave no solo era encantador, también era precavido, jugando un silencioso juego de diplomacia.
Si Madison se mantenía de buen humor, quizá Leonel y R