Bianca llamó a Bruno, y un empleado la condujo rápidamente al segundo nivel del sótano, donde abrieron una puerta sellada.
Cuando la puerta se abrió, Bianca quedó atónita con lo que vio.
La habitación rebosaba de extravagancia.
El humo de los puros llenaba el aire mientras varios hombres fumaban sin pudor, y bailarinas ejecutaban rutinas provocativas. Bruno, con una mujer sentada a su lado y la camisa desabotonada, la apartó rápidamente al ver entrar a Bianca.
—Señorita Scott, acompáñenos —la