Actuando como si nada, él extendió la mano y le levantó el mentón a Diana. Ella se quedó sin palabras, sintiéndose humillada.
¿De verdad la veía así?
Quiso abofetearlo, pero él le sujetó la mano y acercó su rostro al de ella. La cercanía hizo que su corazón se acelerara.
Cuando se inclinó, como si fuera a besarla, Diana se tensó y cerró los ojos con fuerza. Pero el beso nunca llegó. Confundida, estaba a punto de abrir los ojos cuando escuchó su susurro burlón.
—¿Esta vez no te apartas? Pare