Michael se quedó atónito por un momento.
Dave quería que él cargara con la culpa.
—Esto podría no ser una buena idea. Mi madre se enfurecerá si lo descubre —dijo Michael, claramente preocupado.
Dave bajó la mirada y ajustó los puños de su camisa con indiferencia.
—Ese es tu problema. Tendrás que arreglártelas. ¿O acaso no hablabas en serio sobre querer mi ayuda?
Michael suspiró y, tras un breve silencio, aceptó.
—Está bien, trato hecho.
Dave arqueó una ceja y preguntó con calma:
—Estás haciendo