HAILEY
El aire estaba en silencio, salvo por mi respiración, tan regular como el tic-tac de un reloj. El sueño me tenía atrapada en su abrazo como una niebla espesa, pero algo me sacó de sus profundidades: una discordancia en el aire, un cambio incómodo que no pertenecía.
No desperté del todo, no me moví ni un músculo para mostrar que sabía algo, pero mis sentidos estaban en máxima alerta. El olor me golpeó después: amargo y teñido de maldad.
David.
El momento se estiró, cargado y tenso. Lo sen