Son las palabras que he anhelado escuchar mientras yacemos juntos, nuestros corazones latiendo en perfecta sincronía.
Junto mis manos sobre su pecho y apoyo mi barbilla sobre ellas, forzando su cabeza a inclinarse hacia abajo.
—Quiero mirar esta cara por el resto de mi vida.— Le sonrío.
—¡No!— Me sonrojo.
¿Estás seguro? Sonaba como uno.
Lo miro a los ojos cavernosos. —¿Quieres que lo sea?—, pregunto nerviosa.
—¿Hay algo que hagamos que sea convencional?—
—No. Me di cuenta de eso el primer, perd