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...RILEY...
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Soren salió corriendo hacia la habitación antes de que pudiera detenerlo. «¡Mierda!», maldijo entre dientes.
Lo seguí, con el corazón latiéndome con fuerza, mientras él doblaba la esquina, con los ojos muy abiertos y la mandíbula apretada, como si acabaran de darle un puñetazo en el pecho.
«¿Whitney...?» Su voz se quebró, tensa, como si le doliera pronunciar su nombre.
Entonces la vi. Su pequeña, tumbada allí, paralizada, mirándonos con esos ojos grandes y sin pestañea