Virginia
—En serio, no lo es —digo sin aliento y él se adentra sin permiso.
—¿Qué ha pasado? —pregunta y yo cierro la puerta detrás de él. La verdad es que no tengo ánimos ni fuerzas para discutir.
—¿A qué has venido?, creo que fui…
—¿Qué ha pasado Virginia?, ¿te han hecho daño? —niego—. ¿Por qué estás llorando?
—¿Y eso a ti que te importa? —digo de mala gana y él me mira con esos ojos que han logrado volverme al mundo real.
—Más de lo que crees —bufo
—Deberías de preocuparte por tu esposa y