Punto de vista de Isabella
Estaba de pie en el despacho privado de la mansión DeLuca, vestida únicamente con una bata negra transparente y unos zapatos de tacón.
El sucesor de Carlo DeLuca —su despiadado sobrino, Matteo— estaba sentado tras el enorme escritorio, con la mirada devorándome como si fuera carne fresca.
—De verdad has venido —dijo, con la voz cargada de lujuria y triunfo—. La pequeña mascota de Rossi, ofreciéndose para salvar su imperio en ruinas.
Se me revolvió el estómago, pero ma