—¡Estás loca, Sexiola!El grito que resonó en su propia mente la devolvió a la realidad. Parpadeó, observando el techo lujoso y desconocido de aquella habitación. Se sentía destrozada, pero extrañamente ligera.Giró la cabeza hacia un lado. Ropa interior, un vestido rasgado y una camisa de hombre yacían esparcidos sobre la alfombra.Los recuerdos de la noche anterior la golpearon con fuerza. La rabia consumió su raciocinio. Sin dudarlo, se abalanzó sobre aquel desconocido, rodeó su cintura firme con las piernas y lo besó con desbocado frenesí. Él la recibió sin clemencia, arrastrándola hasta el último rincón de su conciencia en un incendio de pasión.Sexiola apartó las sábanas. Su piel, antes inmaculada, estaba cubierta de marcas rojas.Dios mío… He hecho el amor con un desconocido.«Cásate conmigo, y entonces haremos el amor con toda la locura que quieras esta noche.»Ningún hombre en su sano juicio le pide matrimonio a una desconocida en una isla privada tras conocerla apenas. Aquel
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