Capítulo 15—¡Oye! ¿Qué demonios? ¡Suéltame! —grité, retorciendo mi brazo, intentando zafar la muñeca de su agarre. En lugar de soltarme, sus dedos se apretaron más, lastimándome la piel como si le aterrorizara que fuera a salir corriendo.Solté un jadeo agudo cuando estiró la mano y abrió de golpe la puerta de su auto. Giró la cabeza hacia mí, con sus ojos inyectados en sangre e intensos clavándose en los míos. —Súbete —ordenó, con la voz helada.Rodé los ojos, arqueando una ceja en señal de desafío. —¿Por qué me subiría ahí? ¿Acaso no ves que estoy en medio de una conversación? —le espeté, tirando de mi brazo otra vez—. Suéltame. Voy a regresar adentro.Soltó un suspiro agudo y entrecortado que hizo que se me diera un vuelco el estómago por los nervios. —Te subes a este auto en este mismo instante, o entro yo mismo allá para contarles a los dos exactamente qué fue lo que pasó entre nosotros.Mis ojos se abrieron de par en par. Lo miré, completamente atónita. —¿¡Estás demente!?Ni si
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