El punto de vista de Flavia "Quiero un gigoló para mi nuera, Flavia."Me criaron creyendo que el matrimonio es un compromiso santo y para toda la vida. No cambias a tu cónyuge como si fuera una prenda de ropa gastada. Luchas, rezas y te quedas. Pero ahí estaba yo, sentada en la oficina de una agencia de acompañantes, escuchando a mi suegra, mamá Elisa, buscar a un hombre que "solucionara" mis problemas de intimidad."Solo diga el precio," dijo ella, con voz firme y exigente. "Y, por favor, búsquenos a alguien refinado, no a un hombre que... parezca barato."La agente sonrió levemente de medio lado antes de recostarse en su silla.Cerré los ojos con fuerza. Soy la esposa de un pastor; mi vida se construyó a base de sermones, deber y un silencioso recato. El simple hecho de estar sentada en esta habitación se sentía como una traición a mi propia alma. Pero cuando pensaba en mi esposo, Enrique, y en la forma en que me daba la espalda cada santa noche, dejándome fría y emocionalmente sol
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