«Wazowski, no ordenaste tu papeleo anoche…»Las risotadas infantiles resonaban en el enorme salón frente al televisor gigantesco.Douglas se sentía como si fuera él quien estuviera metido dentro de un sueño o un cuento de hadas.Creyó que tendría que esforzarse mucho para ganarse un lugar en la vida de sus hijas, pero Lilianne siempre lo mantuvo como un recuerdo increíble para ellas.Lo convirtió en un héroe frente a sus ojos, no en un padre que las abandonó o las dejó de lado.Ella jamás envenenó a sus hijas contra él y, aunque se las ocultó desde el inicio, Douglas al menos le agradecía eso.—¡Mira, mira, papito! Ahora le van a estirar así la boca, oooo, a esa lagartija…Sienna estaba sentada en su muslo derecho y Sophie en el izquierdo, los tres embutidos en un enorme puf sobre el suelo, casi acostados.Así los observaba Lilianne sin hacer ruido desde la entrada hacia la cocina.Se llevó los platos de la pasta con pollo que había preparado Douglas.Sus hijas, que eran tan tiquismiq
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