Raymond salió del baño después de vomitar. Caminó lentamente hacia Elsa, que lo estaba esperando.Elsa se puso de pie con expresión preocupada en cuanto lo vio.—Ray, ¿estás bien? —preguntó suavemente. El rostro de Raymond estaba pálido.—No precisamente —respondió con voz ronca antes de sentarse en el banco.Cerró los ojos, sintiendo que las náuseas volvían.—¿Por qué no me dijiste que tienes miedo a las alturas? —preguntó ella.—¿Esperabas que te lo dijera? —preguntó, arqueando una ceja.—Sí, claro. Podríamos haber buscado otro lugar donde divertirnos. No tienes que mentirme —dijo ella, algo molesta.Raymond apoyó la cabeza contra la pared mientras ambos se miraban.—Estabas tan feliz que no quería arruinarlo —dijo con ligereza, haciendo que el corazón de ella se hinchara de emoción.A Elsa le habían encantado las montañas rusas desde que era pequeña. Nunca había tenido la oportunidad de subirse a una porque había estado demasiado ocupada intentando construir una vida para ella y su
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