AnaluApenas encuentro a mi prima, ella dice:— ¡Cuéntameeeee toooodoooo!!— ¡Cuéntame tú!!— ¡Dios mío, tuve sexo como si no hubiera mañana, pero el mañana llegó y tengo la concha ardiendo! — dice y suelto una sonrisa.— ¡Dios mííííííííííío Renataaaaa...! — digo todavía sintiendo que me gira la cabeza.— Ay, para... ¿Vas a decir que tú no estás así también? Un hombre de ese tamaño, su verga debe ser gigantesca.— Sí, lo es, pero ayer estaba borracha y llegué al hotel dormida, y desperté con una resaca terrible. Resumiendo, Santiago me respetó y no pasó nada. — digo sonriendo como una tonta, al recordar que me cuidó con tanto cariño.— ¡No puedo creer eso!— Pero puedes creerlo. — digo.Llegamos a casa, resumimos nuestra noche para mi tía y la madre de Renata, entonces subo a la habitación a dormir un poco más, después de tomar un remedio para el mareo.Despierto a las dos de la tarde, con mi tía a todo vapor en la cocina, haciendo la cena de Navidad. Entonces llamo a Renata a un lado
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