La expresión de Lauren, hizo comprender a Roland que él no había captado la advertencia en sus palabras; y cuando lo hiciera, sería demasiado tarde.— Dábamos un paseo con los jóvenes de la manada, en esta hermosa y gélida noche, y nos encontramos con esto — su voz sonó fría.Roland alzó la mano y señaló la deforestación y las montañas de tierra removida. Luego inclinó apenas el rostro, invadiendo su espacio personal, y le susurró junto al oído. — Humano, tú más que nadie sabes que esta área está prohibida. Nuestro enojo es aún mayor al ver como has destruido nuestra bella tierra sagrada —.Lauren luchó internamente por mantener la compostura. Una parte de él quería gritarle, decirle que estas tierras no les pertenecían, que no eran sus dueños y que eran unos farsantes.
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