Capítulo 88El disparo sonó tan cerca que durante unos segundos no entendí qué había ocurrido. Luciano se quedó frente a mí, inmóvil, y después su cuerpo perdió fuerza.—¡Luciano! —grité mientras lo sujetaba antes de que cayera por completo al suelo. Mis manos comenzaron a temblar cuando vi la sangre extenderse sobre su ropa y sentí que el miedo me impedía pensar con claridad.Los hombres de seguridad reaccionaron de inmediato. Escuché gritos, pasos y el sonido de vehículos alejándose, pero no aparté los ojos de Luciano. Me arrodillé junto a él y presioné la herida con ambas manos sin saber si estaba haciendo suficiente.—Mírame, por favor —le pedí mientras sentía las lágrimas bajar por mi rostro—. No cierres los ojos. Luciano, quédate conmigo.Él intentó responder, pero apenas consiguió mover los labios. Su respiración era débil y el color comenzaba a desaparecer de su rostro.Uno de los hombres se agachó junto a nosotros.—Tenemos que llevarlo al hospital ahora —dijo mientras me ayu
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