A lo largo de su trabajo como psiquiatra, Julian había visto muchos tipos de personas y casi todas podía leerlas y hasta saber en qué estaban pensando. Tenía una habilidad incluso para querer controlarlas si quería. Por eso era tan bueno en su trabajo. Solo había un número muy pequeño que no podía leer, entre ellos su expareja… y el hombre sentado del otro lado de la mesa.A esa altura de la noche y después de una cena, Julian podía decir que este hombre era mucho más interesante de lo que podía imaginar. La primera imagen que le había dado, quitando aquel pasional en medio de la discoteca, era que era un hombre prepotente, seguro de sí mismo para lograr lo que quería a cualquier costo, inmaduro e insistente… pero después de esta cena su opinión había cambiado bastante.Andrew hablaba naturalmente, por lo que no mentía, y por la forma en que respondía las preguntas había mostrado ser alguien, sí, seguro de sí mismo, sobre todo porque sus capacidades así lo permitían: inteligente, pers
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