La ciudad los recibió con un cielo gris perla y un viento frío que arrastraba el eco del tráfico matutino entre los rascacielos. Alexander bajó del automóvil sin mirar atrás, su porte impecable, el abrigo oscuro ajustado a su figura, el rostro endurecido por pensamientos que no lograba ordenar. El a
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