Capítulo 2La Dra. Liliana pasó todo el fin de semana en un estado de pánico moderado.Reprodujo en su mente la primera sesión en bucle: la forma en que Renner la había mirado con aquellos ojos de tormenta, cómo se había arrodillado como si fuera lo más natural del mundo, y cómo ella le había permitido follarla justo ahí, sobre su propio escritorio, como una personaje de una novela de fantasía prohibida.Cada vez que recordaba el sonido que había hecho al correrse, hundía la cara en la almohada y gemía lo suficientemente fuerte como para que su vecino pensara que se estaba muriendo.—Soy una profesional licenciada —le murmuró al techo el domingo por la noche, mirando las grietas de la pintura como si pudieran darle alguna orientación—. Tengo ética. Tengo una reputación. Tengo préstamos estudiantiles que todavía debo pagar. Y aquí estoy, fantaseando con un cliente que probablemente tiene más banderas rojas que una convención de tauromaquia.
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