Antes de que Elara pudiera protestar violentamente o soltarse de su agarre, Calvin ya la estaba apartando de la puerta. Dre respiró hondo varias veces antes de llamar con firmeza a la puerta.Adentro, Beatrice finalmente había detenido sus gemidos falsos. Estaba de pie al borde del colchón, mirando con furia a Silas, quien seguía desplomado en el suelo. Un aroma extraño e intensamente dulce que no lograba identificar emanaba de él, lo suficientemente espeso como para hacer que la cabeza le diera vueltas.Entonces llegó otro golpe, seguido de un murmullo bajo y urgente: —Silas...Era una voz masculina desconocida que nunca había oído, pero la repentina intrusión la hizo buscar instintivamente su bata de seda, envolviéndose fuertemente en ella.—¿Quién está ahí? —exigió bruscamente.Afuera, Dre entró en pánico al escuchar una voz femenina dentro de la habitación. Sus dedos se apretaron alrededor de su maletín médico.Silas, sin embargo, ya había registrado el llamado amortiguado de su n
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