La mañana siguiente al balcón de noviembre, con el nombre todavía instalado en el espacio compartido del penthouse con la misma calidad de las cosas que existen desde antes de ser pronunciadas, Valentina le preguntó a Máximo por qué.—¿Por qué Lucía? —dijo, desde la silla de la mesa del comedor con el café con azúcar y la ciudad de noviembre empezando al otro lado del ventanal.Máximo la miró.—¿Por qué tú? —preguntó.
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