Era un martes.Valentina lo supo antes del desayuno de los martes, en el baño del penthouse, con la misma sobriedad que la caracterizaba ante cualquier otra información importante que llegaba de manera inesperada: la recibió, la procesó, y esperó a que el procesamiento produjera la imagen completa antes de saber qué hacer con ella.La prueba la había comprado cuatro días antes, en la farmacia de la calle lateral del edificio, con el automatismo de quien está verificando una hipótesis que todavía tiene un margen razonable de ser incorrecta. La había dejado en el cajón inferior del baño, debajo de los productos que usaba con menos fre
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