Punto de vista de Catalina.No quería dejarlo ir. Abracé a Antonio con fuerza, mis dedos aferrándose a la tela de su camisa como si sostenerlo pudiera impedir que se fuera.“No es que me queje,” murmuró, su voz suave pero tensa, “pero realmente tengo que irme ahora.”Se rió ligeramente, un sonido que normalmente hacía que mi corazón se elevara, pero hoy solo lo hizo doler. “¿Entonces estás seguro de esto?” pregunté, separándome un poco para mirar sus ojos, buscando cualquier duda, cualquier señal de que cambiaría de opinión.“Principessa, pensé que habíamos superado esto,” dijo, apartando un mechón de mi rostro con la misma ternura que siempre mostraba.“Sí, sí… ve a Milán, resuelve el problema que haya, ¿sí?” respondí, forz
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