No hubo cuenta regresiva, ni señal que marcara el inicio de lo que estábamos a punto de hacer, porque el sistema no operaba en secuencias visibles ni en eventos delimitados, sino en continuidad absoluta, y precisamente por eso, intervenir no significaba romper un momento específico, sino introducir una variación sostenida dentro de un flujo que no admitía interrupciones sin reconfigurarse por completo; lo que íbamos a hacer no era actuar, era alterar la forma en que el proceso mismo podía seguir ocurriendo sin perder coherencia, y en ese nivel, cada detalle importaba demasiado como para dejarlo al azar.Sentí a Jake antes de moverme, no como presencia externa sino como una alineación interna que se ajustaba a la mía sin necesidad de sincronizarse completamente, porque lo que necesitábamos no era unidad perfecta, sino tensión controlada, una diferencia lo suficientemente estable como para no ser absorbida, pero lo suficientemente coherente como para no ser descartada, y en ese equilibr
Ler mais