Alguien tocó la puerta y fue el alivio instantáneo que sentí para poder liberarme de Cedric. Pero ahora había un problema: le había lastimado el labio inferior. Él aflojó su agarre y casi dio un salto hacia atrás. Tomó su pañuelo llevándoselo a los labios con rapidez, mientras yo me acomodaba la chaqueta y el pantalón tratando de no verme nerviosa. —Pase. Me senté frente a él, fingiendo tranquilidad mientras mi corazón parecía latir en el estómago. La presión de sentirme descubierta me hacía sentir incómoda. De por sí por los pasillos se rumoran cosas y justamente quien tocaba era Maggie, la otra secretaria. Nunca le he agradado. Le gustaba Matteo y, desde que notó el trato que Cedric tiene conmigo, apenas disimula el desprecio. Al entrar me mira con cara de disgusto y por encima del hombro. —Señor Cedric. Alguien muy importante lo está buscando. Es uno de los antiguos socios. —Bien. Algo más. —¿Le sucedió algo? Que tiene el pañuelo en los labios. Frunzo ligeramente el ceño
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