Aria…"Por un latido eterno, todo quedó inmóvil.El sonido del acero atravesando la carne rompió el silencio — suave, final, terrible.El dolor me desgarró. Caliente, abrasador, imparable. La hoja de Giselle se deslizó entre mis costillas, poco profunda pero mortal, su filo hundiéndose con fuerza. Al mismo tiempo, mi daga encontró su objetivo — hundiéndose en su estómago. Sus ojos se abrieron de par en par, su boca entreabierta por la sorpresa.Nos quedamos congeladas allí — dos reflejos de dolor y furia — hasta que el mundo pareció exhalar.La hoja de Giselle se deslizó de sus dedos temblorosos. Retrocedió tambaleándose, jadeando, sujetando su herida. La sangre se derramaba entre sus manos, oscura y espesa. Por un segundo pensé que volvería a lanzarse contra mí, pero sus rodillas cedieron. Cayó al suelo con un golpe sordo.La arena estalló.Aplausos, jadeos, gritos — todo mezclándose en un rugido ensordecedor. Pero apenas los escuchaba. Mi visión se nublaba, mi respiración salía
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