—¿Sí, Dierdra? —la provoqué—. ¿Tienes algo que confesar?En el otro extremo de la mesa, la cabeza de Gideon se levantó de golpe y clavó en su "compañera" una mirada de ojos ambarinos.—Yo... necesito ir al baño de lobas —dijo Dierdra con formalidad, aunque se notaba una línea blanca alrededor de los bordes de su boca, y dejó caer su servilleta al suelo cuando se puso de pie.[Tal vez], pensé, [se deba a que ese "estómago" no es realmente suyo.]—Yo iré contigo —Camila saltó de su asiento. Por un momento pareció que Dierdra podría protestar, especialmente cuando intervine diciendo: —Yo también —pero se encaminó hacia el baño con los puños cerrados y con ambas pisándole los talones.Cuando salió del cubículo individual del baño, parecía más entera, como si hubiera tenido la oportunidad de recuperar la compostura. En cuanto Camila cerró la puerta entre nosotras, ella me siseó.—¡No permitiré que me intimides más!Yo solo levanté las cejas hacia ella y esperé, confiando en que aqu
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