Carmen leyó el testamento en voz alta, como había leído Fuentes los papeles de obra de la caja de madera, con esa misma dicción específica del académico que hace accesible el lenguaje de otro siglo sin perder su carácter:Yo, Leonora, propietaria de la hacienda en el paraje del manantial del poniente, estando en pleno uso de mi juicio y voluntad, declaro como mi heredera universal en lo que respecta a la propiedad y a la obra que en ella existe a Inés, mi compañera en la obra y en la vida, que ha sido parte de todo lo que he construido desde el principio y que conoce este lugar como yo lo conozco, que es la única manera en que alguien puede ser llamado a cuidar lo que otro ha construido.
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