Al final, el segundo al mando del gimnasio, que llevaba muchos años allí, levantó la mano y subió al tatami.—Señorita, es usted muy hábil. ¿Le importaría entrenar conmigo un par de rondas? Quiero ver en qué estoy fallando. Llevo mucho tiempo sin progresar, así que agradecería mucho su orientación.Hazel dudó, sin saber qué responder. Le gustaba pelear, pero dar consejos era algo nuevo para ella. Normalmente solo señalaba errores cuando hablaba con personas cercanas.Cuando Sully oyó que alguien quería enfrentarse a Hazel, tomó la iniciativa de bajarse del área y dejarles espacio.Al ver que Hazel dudaba, el entrenador pensó que ella menospreciaba su nivel y se apresuró a tranquilizarla.—No se preocupe, señorita. No soy el mejor del gimnasio, pero siempre he sido el segundo. Soy resistente y no le temo a unos cuantos golpes. Mientras no ponga en peligro mi vida, puede ir con todo.Su petición humilde dejó a Hazel sin forma de negarse. Así que aceptó.Después de solo dos movimientos,
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