Él no parece escucharme, sus ojos, encapuchados y acalorados, están fijos en ellos, patinando sobre la carne desnuda de Margo, su mano apretando mi cadera. Puede que haya dicho que no la quiere, pero puedo sentir el bulto creciendo en sus pantalones, tensándose contra la tela. Margo murmura algo en francés y Joel le da la vuelta para mirarnos. Apoyando el culo en la barra de metal, levanta las piernas. Él se desliza de nuevo dentro de ella. _ Diego… _ ronronea, sus ojos seductores fijos en los de él mientras le dice algo en francés, un “por favor” deslizándose a través de sus labios con un ligero gemido al final. Él no responde, pero no rompe el contacto visual con ella, sus ojos, sus pechos, donde Joel está unido a ella, su mandíbula se tensa. Todo su cuerpo se tensó, sus dedos apretándome casi hasta el punto del dolor. Siento que ni siquiera estoy aquí. Y de repente no quiero estar aquí, para verlos follarse los ojos. Me bajo del regazo de Diego, una bola afilada hinchándose
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