Mientras los músculos de mi cuerpo daban más de lo máximo para correr podía notar algo extraño en el entorno que me rodeaba: las flores, los árboles, hasta incluso el pasto, toda forma de vida que me rodeaba parecía estar triste. El ambiente se asemejaba al que se puede encontrar en un velorio, parecía como si algo del planeta hubiera muerto y todo lo vivo lamentara su perdida; incluso lo que parecía no estar vivo porque, contradiciendo a los meteorólogos, gotas de agua comenzaron a caer del cielo nocturno. El mundo había perdido un poco de su color, de su luz. Con cada paso que daba me alejaba más de la plaza donde todo había ocurrido, mi cuerpo empezaba a pagar la factura de no tener una tan buena condición física y estaba siendo llevado al máximo. A pesar de haber visto de lo que era capaz ese parasito alieníg
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