Punto de vista de MiaLos dedos de mi madre se apretaron alrededor de la mano de mi padre, luego se giró lentamente hacia mí, y su mirada se suavizó.—Mia… —dijo en voz baja.Tragué saliva.—¿Sí?Dio un paso más cerca, con la voz temblorosa.—No importa lo que oigas esta noche —dijo—, necesito que recuerdes algo.Fruncí el ceño.—¿Qué?—Que todo lo que hice… —continuó, clavando su mirada en la mía—, lo hice pensando en tu bienestar.Sentí un nudo en el estómago y, por un instante, no supe qué decir, porque aquello era algo importante.Lo presentía.—Lo sé —dije en voz baja.Y lo decía en serio, porque a pesar de toda la frustración, toda la rabia, toda la confusión, seguía confiando en ella.Ella asintió lentamente, luego miró a mi papá y él le apretó la mano suavemente como diciéndole que todo estaba bien.—Siéntate —dijo, señalando la silla frente a ellos.No protesté. Me acerqué y me senté, con las manos apoyadas en mi regazo, mientras los veía sentarse en la cama con las manos aún
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