Karlene, que no podía dormir, se levantó lentamente de la cama y salió de la habitación de Debora. La inquietud la llevó a querer ir otra vez a la cocina, pero esta vez se encontró con Keff, que tampoco podía dormir."¿Por qué has salido de la habitación?", la reprendió Keff en voz baja."Tengo sed", respondió Karlene, también muy bajito."Cuando estás conmigo no tienes tanta sed, señorita. ¿Acaso no viniste antes a la cocina?", indagó Keff."¿El señor lo sabe?", preguntó Karlene, sorprendida."Bebe", respondió Keff, entregándole el vaso de agua que tenía en la mano.Obedientemente, Karlene se terminó el agua y dejó el vaso en la mesa."Hablemos en la piscina", dijo Keff."Señor, pero..."Karlene quiso protestar, pero Keff la tomó de la mano y la llevó a la piscina por la puerta de la cocina. Sin querer armar escándalo, Karlene se resignó a seguir los rápidos pasos de Keff.Una vez en la piscina, Keff siguió caminando hacia un rincón y sentó a Karlene a la fuerza."Dime lo que sientes
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