El motor de la pequeña lancha rugía con suavidad, cortando las olas turquesas que Hades recordaba tan bien. No era el mismo hombre que tiempo atrás naufragó en esa isla, consumido por la rabia y el vacío. Ahora, mientras sostenía la mano de Kayla, sentía que el círculo por fin se estaba cerrando. Un ciclo que creía que nunca finalizaría.
—No puedo creer que me hayas traído de vuelta aquí —susurró Kayla, dejando que la brisa marina le alborotara el cabello. Aria se había quedado con Felipa y los abuelos; eran sus primeras vacaciones solos desde que la pequeña llegó a iluminarles la existencia. Y a desvelar sus noches.
—Esta isla nos quitó mucho, pero también nos dio la verdad —respondió Hades con la voz un poco ronca por la emoción—. Quería que nuestro primer viaje como esposos fuera al lugar donde, irónicamente, encontré mi libertad y el amor.
Cuando desembarcaron, la arena blanca se sintió como un santuario. Hades no escatimó en gastos; había mandado a preparar una cabaña ec
Ler mais