Primer golpe

María Isabel

Es hora de salir de la oficina, no pude concentrarme en los libros a corregir por esos jodidos insoportables que buscan casarme.

Hice mal mi trabajo, algo que nunca había pasado, siempre fui muy cuidadosa en cada cosa, no me gustan los errores y yo misma los estoy cometiendo.

Me irrita no poder olvidar sus promesas, por más que hayan dicho que se detendrían si me negaba a casarme no les creo, su actitud reflejaba otra cosa, si me quieren me tendrán, eso es lo que ellos aseguran que pasará.

Muchos pensarán que soy una tonta por no aceptar una propuesta así, pero mi orgullo no me permite ser dominada por esos hombres, ellos no mandan sobre mí o sobre mi futuro. De dónde viene es normal que manejen a las mujeres a su antojo, la tendrán difícil con alguien como yo.

— Voy a retirarme, señorita ¿Desea alguna otra cosa antes de que me marche? — Elona siempre hace bien su deber.

— Dos cosas, la primera que me llames María, como ya te lo he pedido hasta el cansancio; y la segunda que no menciones a nadie lo que viste en la oficina del jefe, no me gustaría estar en boca de todos ¿Si? — ella asiente con una sonrisa.

— De mi boca no saldrá nada, seré una tumba. Señ... María, el jefe tampoco se ha ido todavía, creo que espera por usted — cierro los ojos tratando de calmar las ganas de morderle la otra nalga.

— No te preocupes, ve tranquila. Que pases una buena tarde, Elona — se despide como todas las tardes y me deja sola.

No quiero ir al estacionamiento y encontrarme con alguno de ellos. Nunca fui una cobarde que huye de sus problemas, pero lo veo como una hermosa alternativa hoy, no tengo la mente para verlos. Además tampoco tengo mi auto, no debería ir al estacionamiento. 

Aceptar ese matrimonio sin luchar les dará la confianza de que podrán hacer lo que quieran conmigo, algo que yo no estoy dispuesta a soportar, no lo hice con Antonio, no pienso hacerlo con ellos.

Tengo que encontrar una solución para no ceder, aunque mi abuela si necesita de ese tratamiento, y cada vez se hace más difícil conseguir los medicamentos, no por falta de dinero -tengo un muy buen sueldo-, sino porque las farmacéuticas están dejando de producirlos ¿A dónde quiero llegar con esto? Ellos tienen tanto poder que podrían ayudarme a conseguirlos o comprar las jodidas farmacéuticas.

El divorcio no es una opción, y eso es lo que más me mortifica, tendré que vivir con ellos para siempre. Por mi abuela haré lo que sea, así como ella lo hizo conmigo por años. Les dejaré en claro que yo no soy un juguete.

Hablando de mi abuela, tengo que ir a verla y contarle lo que pasa, siempre hemos tenido una relación muy estrecha, al ser las únicas dentro de la familia desarrollamos confianza, una que parece difícil de creer.

Preparo mis cosas para salir, tengo que a la farmacia por esos medicamentos, ya los he comprado hace unos días, pero ante la amenaza de detener la producción adquiero varias cajas falsificando algunas recetas.

Iría a prisión si alguien sabe de mí fraude, y peor aún, arrastraría al doctor conmigo.

— María — cierro la puerta cuando ya estoy fuera de la oficina, no me han dejado respirar, ya están detrás de mí.

— No voy a escaparme de España, jefes — llego hasta el ascensor y me preparo para bajar, los cinco ingresan en el espacio que ahora es muy reducido.

— Lo sabemos, no eres precisamente una cobarde — habla el gemelo uno.

— Olvidé preguntar sus nombres, me cansé de llamarlos por apodos en mi mente — me ven con interés y los cinco voltean a verme, me arrinconan contra las paredes del ascensor.

— ¿Apodos? ¿Cuáles? — pregunta el cara de culo.

— Oh pues... Tú eres cara de culo; él es el jefe; ellos son gemelos uno y dos, por el último... Realmente no pensé en uno para ti, casi no habló — los gemelos se echan a reír.

— ¿Cara de culo? No tienes mucha imaginación — me dice enfadado.

— ¿Me dirán sus nombres o no? — me asfixian al estar tan pegados a mi.

— Yo nos presentaré a todos, preciosa rabiosa — dice gemelo uno — Tu jefe es Baruk Abad; el cara de culo es Amin Abad; el sin identificar es Burak Abad; mi muy mala copia es Anás Abad y tú hermoso servidor es Abdil Abad —

— Nombres raros, mejor dejo los apodos, más fácil para mí.

— Entonces ponme uno, no quiero ser el sin identificar — me parece simpático, no es tan serio como el jefe y cara de culo.

— Voy a pensar en uno cuando logre conocerlo más — ambos nos sonreímos, tiene una boca muy bonita.

¿Qué sabrá hacer con ella? Milagros, eso es seguro.

Dios, la abstinencia sexual me ha vuelto desesperada.

— Yo no quiero ser el cara de culo, también quiero otro — lo miro con el rostro fruncido.

— Cuando su actitud sea soportable lo pensaré, sonreír un poco no va a matarlo, hasta se verá más atractivo — no bromeo, el hombre es hermoso.

— Soy atractivo sin sonreír, mujeres harían fila para estar en mi cama.

— Ya lo pensé, ahora serás egocéntrico, no cara de culo y no habrá otro cambio — lo señalo, gruñe como un perro y me ignora — Pero después yo soy la perra por morder.

— Ya basta o te juro que te arrepentirás — se acerca tan rápido que cuando quiero huir ya es tarde, me tiene contra la pared, sus manos están a la altura de mi cabeza y se inclina levemente.

— Más le vale sacar sus manos y dejar de amenazarme o lo pagará — odio que me intimiden, siempre les devolvía todo a los malditos que me molestaban en la escuela.

— ¿Qué harás? ¿Morder mi nal...? ¡Hija de...! — se retuerce en el suelo cuando mi rodilla pega en su entrepierna.

— ¡María! —- me grita Burak, si, creo que es él.

— Se lo advertí, y el que avisa no traiciona. Que no se les ocurra volver a joderme como él, yo no soy la mujer que creen — detengo el elevador y bajo sin importar el número de piso.

Por suerte la suerte ha vuelto un poco, dos pisos más y ya llego al estacionamiento de la empresa... ¡La madre que me parió! No vine en auto, lo dejé en mi casa, de la cual tampoco tengo llaves.

¡El premio a la inteligencia es para María Isabel!

Bien, caminando será, con tacones de cinco centímetros y una falda de tubo que se pega más a mi cuerpo que esos tipos en el ascensor.

Espero y esos tontos hayan salido ya de la empresa, no quiero cruzarme a ninguno, seguro que se ofrecen a llevarme, y viendo que mi situación no es positiva aceptaría casi sin dudar, pero algo me dice que los deje rogar por más.

En menos de 10 minutos ya estoy en el último piso, a punto de cruzar la puerta de cristal hacia la salida, me detengo cuando reconozco a alguien esperando por mi fuera.

Antonio.

M*****a sea mi puta vida, no pensé que tuviera la cara para venir a verme. Odia que lo ignoren o no le respondan los mensajes, siempre discutíamos por eso.

Mira hacia dentro, soy más rápida y me oculto detrás de una de las plantas que decoran la recepción, miro de soslayo para poder salir en cuanto decida que se cansó de esperar. No tengo ánimos de aguantarlo, esos hombres absorbieron la energía que me quedaba.

De vez en cuando observa su reloj, se pasea de un lado a otro, toma su celular y comienza a llamarme, corto las cinco llamadas hasta que llega un mensaje.

🗨️ Puto: Sal ya, he estado aquí desde que tú hora de trabajo terminó, sé que no haz ido a nuestra casa.

No me hagas perder la paciencia, María.

¡Que salgas joder!

Contesta el puto teléfono, no tengo todo el maldito día para esperarte.

No me iré de aquí hasta hablar contigo.

A la m****a mis esperanzas de ir a casa a tomar un baño y leer esos manuscritos que tenía por editar, tendré que quedarme aquí.

Hasta hace unas horas pensaba en tener sexo con él, no hemos follado en más de un mes, no entendía porque no tenía ganas de tocarme, eso fue hasta que lo ví con esa chica.

Tendré que volver a los viejos hábitos, mis vibradores, unos que tuve que esconder porque Antonio se ponía celoso de su tamaño casi colosal.

No es mi culpa que quepa tanto, no como el suyo que salía de mi interior cada dos por tres, deben creer que estoy más abierta que las puertas de una iglesia, pero no, sorprendentemente siempre se cierra tanto que hasta parezco virgen.

No era necesaria tanta información ¿Verdad? Lo siento, una vez que hablo nada me para.

— ¿Qué haces oculta aquí? — susurra alguien en mi oído haciéndome saltar, caigo sobre la planta cuando mi pie se desliza de su lugar sin querer.

— ¡No me asusten! — le grito a esos cinco tontos que no me miran a los ojos, sino mi escote.

Los cuatro primeros botones de mi camisa se rompieron en la caída, mi brasier negro sale a relucir, igual que mis "pechos".

— ¡Mis ojos están aquí arriba! — grito señalando mis ojos.

— ¿Qué haces aquí? Creímos que te habías ido a tu casa — egocéntrico me tiende su mano para ayudarme a levantar.

Un punto a su favor, algo de caballerosidad.

— Estaba a punto de irme, pero mi ex está esperando por mi fuera, me ha llamado varias veces y ni hablar de los jodidos mensajes — intento arreglar mi camisa, es inútil.

— Ten esto, no puedes salir así a la calle — Burak me cubre con su saco negro de vestir.

— Muchas gracias ¿Por qué siguen aquí? — les pregunto a los hombres que ahora miran enfadados a Antonio.

— Hoy cerraremos el edificio, le dimos la noche libre al guardia. Vamos, te llevaremos o ese infiel no te dejará llegar a tu hogar — pienso en mis opciones, no tengo ninguna.

— Bien, se los agradecería — Baruk acaricia mi mejilla antes de dejar un beso.

— El tonto de tu ex nos mira, actúa bien. Además, un beso es una linda forma de agradecer— vuelvo a mirar hacia afuera, Antonio viene hacia aquí con el rostro desfigurado por la ira.

— No te hará nada, no lo dejaremos, quédate detrás de Amin — lo hago, me siento tan agotada mentalmente que incluso Antonio me asusta.

— ¡¡Dejen a mi novia!! — grita cuando por fin puede entrar. — María, vamos a casa— extiende su palma, yo la miro y volteo mi rostro. — No me hagas enojar.

— ¿Quién crees que eres para entrar en mi empresa? Mejor vete antes de que llame a la policía, no jodas a mi empleada y prometida — me congelo peor que el polo norte.

¿Prometida?

Maldito hijo de puta, se aprovecha de que necesito de ellos.

— ¿Prometida? ¡Ja, ja, ja! Buen intento bastardo de porquería, María nunca se casaría, odia ese tipo de compromisos — dice con orgullo.

— ¿Por eso no aceptaste nuestra propuesta? — me susurra Amin.

— Algo así... ¡Antonio! — grito cuando ese tonto se abalanza contra mi jefe, me coloco en medio de ambos antes de que los golpes inicien y no paren.

— María… — ya estoy en el suelo, un hilo de sangre se desliza por la comisura de mis labios, sostengo mi mandíbula y sin aguantar comienzo a llorar.

Antonio acaba de golpearme.

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