Ayúdame...

Como me había dicho Rina, ahí me encontraba, esperándola en la habitación, estaba todo a oscuras y solo podía ver la poca luz que había por el pasillo.

Escuché los ruidos de unos zapatos, pero no eran de mujer, eran de hombre. Me escondí en una esquina, no entró, siguió de largo.

La habitación del teléfono...

Escuché la voz de Roberto.

Roberto: Dame los resultados sin rodeos.

¿Qué quieres decir con eso?

¿Estoy loco?

No entiendo nada.

¿Paranoide?

Bien, hablaremos mañana.

Miré hacia el suelo desconcertada. ¿Estaba loco? ¿Cómo qué estaba loco? No entendía nada. Los pasos se volvieron a escuchar pero esta vez se iban alejando. Estuve esperando a Rina pero en ningún momento apareció. Salí de la habitación para adentrarme en la mía, justo antes de entrar Roberto apareció asustado. 

—¿Dónde

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