Al pensar en esto, Selene deseaba despedazar a Andrés en mil pedazos.
El odio ardía intensamente dentro de ella, rechinando los dientes.
—¿Jefa? ¿Hola? ¿Te quedaste dormida?
La voz de Nacho volvió a sonar. Después de intercambiar algunas palabras con él, Selene finalmente colgó el teléfono.
Una vez colgada la llamada, realmente estaba tan cansada que sus párpados luchaban por cerrarse. Después de relajarse, se quedó dormida en un rincón del sofá.
Afuera brillaba el sol radiante, mientras que den