— Chicas, por favor, no sean así, levántense. — Dije extendiéndoles mi mano para que la tomarán y se levantarán, pero seguían con la cabeza gacha y temían mirarme, parecía que ahora me tenían miedo.
— Ahora somos sirvientas de la Luna, nunca ha habido nadie entre los Omega que esté capacitado para servir a Luna. Tenemos miedo y no sabemos qué hacer para que esté satisfecha. — Dijeron nerviosas y mirándolas, pensé en mí, cuando acababa de llegar hace dos años, curiosa y llena de fantasías sobre