Con eso, Sofía se marchó.
No le importaba si Amalia le creía o si la apreciaba. Amalia podría averiguar fácilmente la verdad si pasaba algún tiempo preguntando en el hospital donde la habían operado.
Sin embargo, Sofía no iba a molestarse por eso. Era el día de su alta y no quería que su estado de ánimo se viera afectado por culpa de Amalia.
Cuando Diego vino a recogerla, Sofía no sabía cómo sentirse.
—¿Dónde está Antonio? ¿Por qué no ha venido a recogerme?
—¿Antonio? Ya sabes que es un adicto