Julio se negó y se dispuso a pasar junto a Sofía para subir a su coche.
Ella no se rindió. Miró a Julio y continuó:
—¿Me tienes miedo?
—¿Miedo de ti? —se burló Julio—. ¿Por qué iba a tener miedo de ti?
—Si no tienes miedo, ¿por qué no cenas conmigo? Aunque estemos divorciados, eso no significa que tengamos que evitarnos como a la peste, ¿no?
Sofía miró a Julio, intentando captar cualquier cambio inusual en su rostro estoico. Por desgracia, se mantuvo muy tranquilo y distante.
—No te tengo miedo: