Sofía se dirigió a la esquina y Juliana la siguió en silencio.
—Sofía, te odio— soltó Juliana de repente, sobresaltando a Sofía, que estaba bebiendo zumo.
Sofía la miró y le dijo con calma:
—No pasa nada si me odias.
—Por supuesto que no te importa. Ahora lo tienes todo.
Juliana la fulminó con la mirada.
Sofía suspiró, sintiéndose como la villana de un drama por haberle quitado el amor de padre a Juliana en cuanto regresó al DF.
Entendía por qué Juliana se sentía molesta, pero no creía ha