Al oír eso, Ernesto frunció el ceño.
—Puede que no sea capaz de resolverlo todo ahora, ¡pero deberías tener en cuenta el hecho de que aún no estoy muerto!
“¿Cómo puede estar tan seguro de que Mariano no será capaz de arreglar el desaguisado de nuestra familia conmigo vigilándole? ¡Qué arrogancia!”, Ernesto echaba humo para sus adentros.
—Ya que no me crees, esperemos a ver —Julio se levantó. No tenía intención de hacerle nada a Ernesto en ese momento; sólo quería desahogarse.
Al llegar a la puer