—¡Oyeeeeee! —La voz de Connor lo devolvió a la realidad, al club y al vaso de whisky que tenía en la mano—. ¡Hermano, te juro que me estás asustando! —lo reconvino Connor—. Te juro que no me he regresado a Los Ángeles porque me preocupas.
—Eso es una tontería, yo estoy bien…
—Tienes la cabeza en l