—Ven acá, ven…
Nina se dejaba llevar como una muñeca, y Jake la sentó en el sofá, haciendo que se recostara contra el respaldo mientras le ponía en las manos la botella de la que habían bebido esa mañana. Ni siquiera tuvo que impulsarla, eso lo hizo sola. Le dio un largo trago a lo que parecía ser