Mientras más pensaba Jane en ello, más fuerte negaba con su cabeza. “No, Sr. Stewart, no quiero ir al departamento de relaciones públicas.” Suplicaba del pánico, “Sé que me equivoqué, perdóneme, Sr. Stewart. Ya estuve tres años en la prisión y pagué el precio por lo que hice. Deme mi tarjeta del banco, señor, y desapareceré de inmediato. Me iré lejos, muy lejos, y le juro que nunca me volverá a ver más.”
Todo lo que Jane podía hacer era rogar. No notó la sorpresa en los ojos de Alora cuando ésta