Elena tenía razón.
Desde que Pedro se negó a concederle el divorcio, su postura ha sido inquebrantable.
Ni siquiera el hecho de que ella estaba embarazada del hijo de Carlos, ni sus reiterados intentos de provocarlo, habían logrado hacerle ceder. Al contrario, incluso la había presionado para que abortara y volviera a Villa Dragón.
Ahora que había perdido al bebé, temía que Pedro se negara aún con más firmeza a divorciarse.
—Bella, ¿no has considerado simplemente no divorciarte?
»¿No es que Anna