Los dos saltaron por la ventana, uno tras otro.
Las mujeres que me habían estado molestando me miraron con una expresión indescriptible.
—¡Parece que te adaptaste muy bien!
—¿Un tipo de 1.90 metros, guapo, con abdominales marcados, poderoso, influyente, leal y además, que ama a su esposa? Lo más importante es que, una vez que entraron por la puerta, van a vivir en paz, ¿qué tengo que preocuparme?
Les pregunté sin entender.
Vi cómo se les contraían las comisuras de los labios, y suspiré suav