Aurora, sentada en el pequeño sofá, miró a Cira entrar con cierta insatisfacción en sus ojos.
Cira, acostumbrada a enfrentar este tipo de frialdad en el entorno laboral, habló sin inmutarse: —Señora Lirio, tengo una pista sobre quién podría ser el autor del envenenamiento. Solo necesito que usted...
—Cira, no hables todavía.
Estela la interrumpió abruptamente, causando una pausa en Cira.
Estela, con una voz suave y delicada, se dirigió a la señora Lirio: —Aurora, sé que estás sufriendo por el do