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El déficit de Cira radicaba en que no sabía insultar, cuanto más se enfadaba, menos sabía hacerlo. Apretaba los dientes con fuerza, con una furia que le subía por el pecho.
Morgan pensó que ella se veía mejor así, mejor que la fría y calmada Cira de lo habitual. Se acercó para besarla y le dijo: —Cariño, pórtate bien, colabora un poco.
Su beso tenía el sabor a canela del tabaco, lo que fácilmente evocaba el recuerdo de una casa con chimenea encendida en invierno, generando una cálida y delica